Vista aérea del equipo de Bis durante un rodaje, sobre las rocas de un río con un puente de piedra al fondo
← Diario

Audiovisual

Cuánto cuesta un vídeo para tu empresa (y por qué los precios bailan tanto)

En España, un vídeo para empresa va desde unos cientos de euros hasta cinco cifras, y la diferencia casi nunca es la duración: es cuánto hay que pensar, grabar y montar detrás. Te contamos qué mira de verdad un presupuesto para que sepas leer el tuyo.

Por Álvaro R. Machío 5 min de lectura

«¿Y esto cuánto me va a costar?» Es, casi siempre, la primera pregunta. Y la respuesta honesta —«depende»— suena a excusa, pero es la verdad: el mismo vídeo de minuto y medio puede salir por 800 € o por 8.000, y ninguno de los dos te está timando.

Lo que cambia no se ve en pantalla. Se ve en todo lo que pasó antes y después de grabar. Así que, en lugar de soltarte una tarifa, vamos a contarte qué mueve de verdad el precio de un vídeo. Cuando lo sepas, sabrás leer cualquier presupuesto: el nuestro y el de cualquiera.

¿Cuánto cuesta un vídeo corporativo? La horquilla honesta

Si buscas el precio en Google, verás de todo: anuncios de «vídeo corporativo desde 350 €» pegados a productoras que no se mueven por menos de cinco cifras. Las dos cosas son ciertas a la vez, y por eso la cifra suelta no sirve de nada.

Para hacerte una idea con los pies en el suelo: en el mercado español, un vídeo sencillo —una jornada de rodaje, un equipo reducido, montaje directo y una entrega— se mueve alrededor de los mil euros. Una pieza con guion trabajado, varias localizaciones, dos cámaras, animación y versiones para distintos canales se va a cuatro o cinco mil con naturalidad, y desde ahí sigue subiendo según la ambición. No hay tarifa-cebo que aguante esa horquilla: lo que la explica es el trabajo, no el capricho.

Por eso, desconfía del precio cerrado que te dan antes de preguntarte nada. Un presupuesto serio empieza por una conversación, no por una tarifa de catálogo.

¿Por qué dos presupuestos para «lo mismo» se multiplican por diez?

Porque «lo mismo» casi nunca lo es. Dos vídeos pueden durar noventa segundos y no parecerse en nada por dentro.

Uno se grabó en una mañana con luz natural; el otro necesitó dos jornadas, tres localizaciones y un equipo de iluminación que montar y desmontar. Uno tira de planos sencillos; el otro lleva animación, rótulos y una locución profesional. Uno se entrega en un único formato; el otro en horizontal para la web, vertical para redes y un corte de quince segundos para un anuncio. Mismo minuto y medio en pantalla, diez veces más trabajo detrás.

La duración, que es lo primero que todo el mundo pregunta, es de lo que menos manda —tanto que merece su propia conversación—. Importa más cuánto hay que preparar, cuánta gente y cuántos días se necesitan para grabarlo, y cuánto se trabaja en el montaje.

Qué encarece de verdad un vídeo (y qué no merece la pena pagar)

La preproducción —pensar el vídeo antes de encenderlo— es la partida que más se nota y la que más se intenta recortar. Un guion claro y una idea afilada ahorran jornadas de rodaje y montajes interminables: pagar por pensar sale barato. Después está lo evidente: los días de grabación, el equipo técnico y la gente que lo maneja, y una postproducción con criterio (color, sonido, ritmo). Y un detalle que casi nadie mira hasta que llega la factura: los derechos de uso —cuánto tiempo y en cuántos sitios vas a poder usar el vídeo— y el número de formatos que necesitas.

Aquí entra algo que para nosotros no es un extra, sino el punto de partida: tener equipo propio. Cuando la cámara, la luz y el sonido son de casa y no se subcontratan, el presupuesto es más predecible y hay menos sorpresas a mitad de proyecto. No lo decimos como eslogan: es la diferencia entre prometer y poder.

¿Y lo que no merece la pena pagar? La urgencia que podrías haber evitado planificando, los paquetes rígidos que incluyen cosas que no vas a usar, y los formatos de más «por si acaso». Si pagas por algo, que sea porque te suma, no porque venía en el lote.

Cómo leer un presupuesto sin que te la cuelen

Cuando te llegue el presupuesto, antes de mirar el total, mira lo que hay debajo. Estas preguntas separan uno honesto de uno inflado:

  • ¿Incluye preproducción, o solo el día de grabar? Si no hay nada antes del rodaje, alguien va a improvisar.
  • ¿Cuántas jornadas y cuántas personas? Es la columna que más mueve la cifra.
  • ¿Quién graba: equipo propio o subcontratado? Cambia el control y el riesgo.
  • ¿Qué se entrega y en qué formatos? Que esté escrito: duración, versiones, idiomas.
  • ¿Derechos de uso? Cuánto tiempo y dónde vas a poder usar el vídeo.
  • ¿Cuántas revisiones entran? Y qué pasa si cambia el guion a mitad.

Si un presupuesto responde a todo esto, aunque sea más caro, sabes qué estás comprando. Si te dan una cifra redonda sin preguntarte para qué es el vídeo ni dónde se va a ver, esa es la señal: no te están haciendo un presupuesto, te están vendiendo un paquete.

Y si todavía no tienes claro qué tipo de vídeo necesitas, esa decisión va antes que el precio.

Entonces, ¿caro o barato?

Un vídeo no es caro o barato: es adecuado o no a lo que quieres contar. La pregunta útil no es «¿cuánto cuesta?», sino «¿qué necesito que haga este vídeo?». De esa respuesta sale el presupuesto, y no al revés.

Lo bueno de hacerlo bien es que un vídeo que funciona se ve dos veces: la primera por curiosidad, la segunda porque alguien decidió volver a darle al play o pasárselo a otro. Ese segundo pase no se compra; se gana en la idea.

Si tienes un proyecto en mente y quieres un presupuesto que parta de lo que necesitas —no de una tarifa de catálogo—, cuéntanoslo. Te diremos sin rodeos qué mueve la cifra en tu caso.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto cuesta un vídeo corporativo en España?
Depende del trabajo que haya detrás, no de la duración. Como referencia de mercado, un vídeo sencillo (una jornada de rodaje, equipo reducido y una entrega) ronda los mil euros, mientras que una pieza con guion elaborado, varias localizaciones, animación y versiones para distintos canales se va con facilidad a cuatro o cinco mil, y sigue subiendo según la ambición. Desconfía de las tarifas cerradas tipo «desde 350 €»: un presupuesto serio se calcula después de saber qué necesitas.
¿Por qué un vídeo es más caro que otro si «duran lo mismo»?
Porque la duración en pantalla esconde el trabajo real. Dos vídeos de minuto y medio pueden tener detrás una mañana de grabación o dos jornadas con tres localizaciones, un equipo de iluminación, animación y locución. Lo que multiplica el precio es la preproducción, el número de jornadas y personas, la postproducción y los formatos de entrega, no los segundos que dura.
¿Qué necesito tener claro antes de pedir presupuesto?
Tres cosas: qué quieres que consiga el vídeo (vender, explicar, emocionar), dónde se va a ver (web, redes, una feria, un acto) y en cuántos formatos lo necesitas. Con eso, cualquier productora puede darte un presupuesto realista. Sin eso, lo que te darán es una tarifa genérica que luego cambia.